El sótano capítulo II

Publicado el 28 de marzo de 2026, 19:03

                                        CAPÍTULO II

                                            EL ¿SÓTANO?

Al bajar las escaleras Aitana vio una habitación vacía con una lámpara tan vieja que parpadeaba tétricamente al activar el interruptor también lleno de polvo, en aquella habitación solo había eso y una puerta de madera oscura con un pomo dorado lleno de polvo, al igual que la puerta. Aitana tenía miedo pero también curiosidad, se preguntaba que habría dentro, se acercó a la puerta, tocó el pomo y, a pesar del escalofrío que la dio abrió la puerta.

 

Pero, para su sorpresa, esa sucia puerta no conducía hacia una habitación, como había imaginado, sino que, conducía a unas escaleras extremadamente empinadas, y de muy buen estado, al subir el primer escalón le dieron ganas de vomitar, y, al segundo siguiente, la habitación se inundó de un resplandor blanco cegador, después de unos cinco segundos de ceguera y mareo constante, todo paró, ya no había mareos y el resplandor cesó aunque no todo era igual, ahora, las escaleras conducían a la calle, en la cual había una neblina de humo llena de distintos olores y, además, había mucho ruido: monedas, gente hablando muy alto, tacones de personas con tal vez demasiada prisa, voces de niños, adultos, música...

 

No hacía frío,al contrario, Aitana al instante notó una ráfaga de viento seguida de un periódico volador que le dio en la cara, ella miró el periódico en busca de fechas, lugares, lo que sea que indicara que eso era real, que no era un sueño, después de ojear un rato, encontró la fecha 12/07/1891.

 

--No, ese periódico debía estar mal, ser antiguo o algo por el estilo--

Pensó Aitana

 

<<No, esto es imposible, preguntaré a las personas que fecha exacta es, si, eso es, como si nunca hubiera abierto este periódico, es 2007 ¿no?, pues eso, preguntaré a todas estas personas de aspecto ocupado ¿Quién no tiene tiempo para decir la fecha? Solo son 5 segundos, bueno, tampoco es que sea muy normal que alguien te pregunte la fecha exacta, pero...>>

 

Nuestra protagonista tenía muchas dudas, ella decidió volver, la ciudad estaba llena de gente, era mejor no perderse, asi que se dió la vuelta, pero ya no era la misma puerta de antes, era la puerta de una casa, en la fachada se podía ver dos grandes ventanas al lado de la puerta, alrededor de esas ventanas había un conjunto de hojas dejadas crecer por el tiempo, creando una especie de marco de un color verde de distintas tonalidades en cada hoja, las paredes eran de ladrillos de color ocre, el techo era de pizarra gris azulada. Cuando Aitana estaba terminando de admirar la casa, confundida llegó una señora alta, con tacones blancos, una falda en forma de “a” mayúscula con gran volumen de un color escarlata, la blusa que llevaba era ajustada con un escote de “v”, en el cuello llevaba un pañuelo blanco atado como un lazo, y, para protegerse del sol, un sombrero de color también escarlata y una cinta blanca separando las dos partes del sombrero: la visera y la baja copa, en una mano llevaba un abanico con patrones elegantes conjuntando con su vestimenta, en la otra mano llevaba un pequeño bolso blanco.

 

Aitana al instante se dió cuenta de que la mujer la estaba mirando con una pequeña sonrisa formada en su rostro y le dijo:

 

 

 

 

-¡Oh! ¿Llevas mucho tiempo esperando? Lo siento si he tardado, me dijeron que tal vez no vendrías hasta mucho más tarde.-

 

Aitana se quedo petrificada

<<Vale, definitamente estoy loca o estoy soñando>> Pensó Aitana.

 

La extraña señora se quedó mirando a Aitana, aunque la verdad, la extraña allí era nuestra protagonista, todas las personas de la calle iban similares a la señora, ella, en cambio, iba con unos vaqueros y una sudadera de un dibujo de un gato en forma de cactus, en la que debajo ponía: “Cat-Tus”.

 

-¡Vamos, entra! No te puedes quedar ahí parada mucho tiempo, sabes que te buscando.-

 

Dijo la señora

Aitana entró, confundida, pues se preguntaba quién la estaría buscando y qué querría haber dicho la señora con eso.

 

Después de dudar un momento, Aitana entró, la señora y ella pasaron por un recibidor de suelo de mármol y un gran espejo en la pared derecha, y en la otra, un perchero donde la señora dejó el sombrero.

 

-Perdone señora, pero, ¿Quién me está buscando?-

Dijo Aitana, la verdad aquella no era la única pregunta que tenía, tenía muchas más preguntas que rondaban por su cabeza:

<<¿Quién es? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? ¿Por qué he acabado aquí?...>>

 

La señora se quedó pensativa un momento.

 

-Claro, no sabes nada, es tu primer día, tendrás muchas preguntas, por ahora, sígueme hacía la sala de estar ¿Te apetece café o mejor té?-

 

-No tengo ganas de nada por ahora, gracias-

Era verdad, Aitana todavía continuaba confundida, no sabía quién era esa señora, pero la señora si sabía quién era ella.

 

-Me haré un té con unas pastas, ahora vuelvo, pasando esta puerta está la sala de estar, ponte cómoda, y procura no tocar mucho las cosas.-

 

Después de decir eso, la señora se fue escaleras abajo a preparar el té.

 

Aitana mientras entró en la sala de estar, como el recibidor, la sala de estar tenía un aspecto antiguo pero bien cuidado, había un mueble que ocupaba toda la pared lleno de cajones y, un armario, de cristal, por lo que se podía ver lo que había, dentro había platos, vasos y cubiertos de oro, otros, en cambio, eran de porcelana fina con unos tallados dorados en el borde. En el medio de la estancia había un sofá de dos plazas verde con las patas de madera oscura, y, a su lado un sillón del mismo tipo, y una mesa de madera oscura entre los dos, antes de sentarse, Aitana se percató de que había un piano cubierto de una sábana de seda fina color salmón claro. Las paredes eran lisas, cubiertas con un papel pintado con elegantes patrones que se repetían una y otra vez, en los pocos huecos libres que quedaban en las paredes había cuadros de todos los tamaños posibles, cuando Aitana se sentó vio que el suelo era de mármol y había una alfombra haciendo juego con el sofá y el sillón dónde se había sentado.

 

Después de observar la habitación durante unos dos minutos, decidió sacar su teléfono móvil, una cosa que hacía cuando se aburría, aunque fue inútil, al tocar el botón de encendido no funcionaba, ella se quedó confundida, pues su teléfono estaba totalmente cargado, cuando se dio cuenta palideció, todo eso era verdad, había viajado en el tiempo, y si estaría allí para siempre, eso era lo único que le quedaba de su época, un invento demasiado adelantado, inservible allí.

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