El sótano

Publicado el 4 de abril de 2026, 17:15

EL SÓTANO

       Diana Carrillo de Albornoz Zamorano

 

 

                                                                          CAPÍTULO I

                                                                      Universidad

A principios del siglo XXI, concretamente en el año 2024, en España, vivía Aitana Fuentes, una estudiante de artes escénicas de una universidad de Madrid.

Aunque ella era de Guadalajara se había ido a Madrid a estudiar porque en su pueblo no había una universidad de artes escénicas.

El día que llegó a la universidad lo dedicó a ver las aulas que había allí

Las clases del primer piso eran clases normales, matemáticas, lengua, etc...

Cuando fue al segundo piso había mas clases, y la sala de profesores junto al comedor y los baños. Al bajar al primer piso se percató de algo que no estaba cuando vio por primera vez la universidad: En el primer piso había unas escaleras que conducían a un extraño sótano, como cualquier persona Aitana decidió no ir.

Después de pensarlo durante unos segundos, cambió de opinión, bajaría las escaleras.

 

                                                                   CAPÍTULO II

                                                                  EL ¿SÓTANO?

Al bajar las escaleras Aitana vio una habitación vacía con una lámpara tan vieja que parpadeaba tétricamente al activar el interruptor también lleno de polvo, en aquella habitación solo había eso y una puerta de madera oscura con un pomo dorado lleno de polvo, al igual que la puerta. Aitana tenía miedo pero también curiosidad, se preguntaba que habría dentro, se acercó a la puerta, tocó el pomo y, a pesar del escalofrío que la dio abrió la puerta.

Pero, para su sorpresa, esa sucia puerta no conducía hacia una habitación, como había imaginado, sino que, conducía a unas escaleras extremadamente empinadas, y de muy buen estado, al subir el primer escalón le dieron ganas de vomitar, y, al segundo siguiente, la habitación se inundó de un resplandor blanco cegador, después de unos cinco segundos de ceguera y mareo constante, todo paró, ya no había mareos y el resplandor cesó aunque no todo era igual, ahora, las escaleras conducían a la calle, en la cual había una neblina de humo llena de distintos olores y, además, había mucho ruido: monedas, gente hablando muy alto, tacones de personas con tal vez demasiada prisa, voces de niños, adultos, música...

No hacía frío ,al contrario, Aitana al instante notó una ráfaga de viento seguida de un periódico volador que le dio en la cara, ella miró el periódico en busca de fechas, lugares, lo que sea que indicara que eso era real, que no era un sueño, después de ojear un rato, encontró la fecha 12/07/1891.

--No, ese periódico debía estar mal, ser antiguo o algo por el estilo--

Pensó Aitana

<<No, esto es imposible, preguntaré a las personas que fecha exacta es, si, eso es, como si nunca hubiera abierto este periódico, es 2007 ¿no?, pues eso, preguntaré a todas estas personas de aspecto ocupado ¿Quién no tiene tiempo para decir la fecha? Solo son 5 segundos, bueno, tampoco es que sea muy normal que alguien te pregunte la fecha exacta, pero...>>

Nuestra protagonista tenía muchas dudas, ella decidió volver, la ciudad estaba llena de gente, era mejor no perderse, asi que se dió la vuelta, pero ya no era la misma puerta de antes, era la puerta de una casa, en la fachada se podía ver dos grandes ventanas al lado de la puerta, alrededor de esas ventanas había un conjunto de hojas dejadas crecer por el tiempo, creando una especie de marco de un color verde de distintas tonalidades en cada hoja, las paredes eran de ladrillos de color ocre, el techo era de pizarra gris azulada. Cuando Aitana estaba terminando de admirar la casa, confundida llegó una señora alta, con tacones blancos, una falda en forma de “a” mayúscula con gran volumen de un color escarlata, la blusa que llevaba era ajustada con un escote de “v”, en el cuello llevaba un pañuelo blanco atado como un lazo, y, para protegerse del sol, un sombrero de color también escarlata y una cinta blanca separando las dos partes del sombrero: la visera y la baja copa, en una mano llevaba un abanico con patrones elegantes conjuntando con su vestimenta, en la otra mano llevaba un pequeño bolso blanco.

Aitana al instante se dió cuenta de que la mujer la estaba mirando con una pequeña sonrisa formada en su rostro y le dijo:

-¡Oh! ¿Llevas mucho tiempo esperando? Lo siento si he tardado, me dijeron que tal vez no vendrías hasta mucho más tarde.-

Aitana se quedo petrificada

<<Vale, definitivamente estoy loca o estoy soñando>> Pensó Aitana.

La extraña señora se quedó mirando a Aitana, aunque la verdad, la extraña allí era nuestra protagonista, todas las personas de la calle iban similares a la señora, ella, en cambio, iba con unos vaqueros y una sudadera de un dibujo de un gato en forma de cactus, en la que debajo ponía: “Cat-Tus”.

-¡Vamos, entra! No te puedes quedar ahí parada mucho tiempo, sabes que te buscando.-

Dijo la señora

Aitana entró, confundida, pues se preguntaba quién la estaría buscando y qué querría haber dicho la señora con eso.

Después de dudar un momento, Aitana entró, la señora y ella pasaron por un recibidor de suelo de mármol y un gran espejo en la pared derecha, y en la otra, un perchero donde la señora dejó el sombrero.

-Perdone señora, pero, ¿Quién me está buscando?-

Dijo Aitana, la verdad aquella no era la única pregunta que tenía, tenía muchas más preguntas que rondaban por su cabeza:

<<¿Quién es? ¿Dónde estoy? ¿Qué hago aquí? ¿Por qué he acabado aquí?...>>

La señora se quedó pensativa un momento.

-Claro, no sabes nada, es tu primer día, tendrás muchas preguntas, por ahora, sígueme hacía la sala de estar ¿Te apetece café o mejor té?-

-No tengo ganas de nada por ahora, gracias-

Era verdad, Aitana todavía continuaba confundida, no sabía quién era esa señora, pero la señora si sabía quién era ella.

-Me haré un té con unas pastas, ahora vuelvo, pasando esta puerta está la sala de estar, ponte cómoda, y procura no tocar mucho las cosas.-

Después de decir eso, la señora se fue escaleras abajo a preparar el té.

Aitana mientras entró en la sala de estar, como el recibidor, la sala de estar tenía un aspecto antiguo pero bien cuidado, había un mueble que ocupaba toda la pared lleno de cajones y, un armario, de cristal, por lo que se podía ver lo que había, dentro había platos, vasos y cubiertos de oro, otros, en cambio, eran de porcelana fina con unos tallados dorados en el borde. En el medio de la estancia había un sofá de dos plazas verde con las patas de madera oscura, y, a su lado un sillón del mismo tipo, y una mesa de madera oscura entre los dos, antes de sentarse, Aitana se percató de que había un piano cubierto de una sábana de seda fina color salmón claro. Las paredes eran lisas, cubiertas con un papel pintado con elegantes patrones que se repetían una y otra vez, en los pocos huecos libres que quedaban en las paredes había cuadros de todos los tamaños posibles, cuando Aitana se sentó vio que el suelo era de mármol y había una alfombra haciendo juego con el sofá y el sillón dónde se había sentado.

Después de observar la habitación durante unos dos minutos, decidió sacar su teléfono móvil, una cosa que hacía cuando se aburría, aunque fue inútil, al tocar el botón de encendido no funcionaba, ella se quedó confundida, pues su teléfono estaba totalmente cargado, cuando se dio cuenta palideció, todo eso era verdad, había viajado en el tiempo, y si estaría allí para siempre, eso era lo único que le quedaba de su época, un invento demasiado adelantado, inservible allí.

 

                                                               Capítulo III

                                                           Amelia Espinosa

 

 

Algunos instantes después llegó la señora con dos tacitas de porcelana china, una tetera del mismo material que las tacitas y un platito, también de porcelana, todo ello en una bandeja de bordes irregulares hecha de plata.

-Por si acaso te he traído una taza de té a ti también, tengo que contarte muchas cosas, deberías haber venido más tarde...-

Dijo la señora.

Aitana se quedó pensativa un momento y le hizo una pregunta:

-¿Puedo hacerle una pregunta señora?-

La mujer asintió mientras servía el té.

-Claro, dime-

-¿Quién es usted?, es que no se a presentado, y...-

La mujer interrumpió a Aitana para decirle:

-¡Es cierto! Con las prisas no me he presentado correctamente, me llamo Amelia, Amelia Espinosa ¿Tú te llamas Aitana verdad?-

Nuestra protagonista se quedó cortada, pues la mujer sabía perfectamente quién era ¿Sabría más cosas sobre ella? ¿Quién se lo habría dicho?

-Y ya que nos hemos presentado, te diré lo que quería decirte: eres capaz de ver el futuro, eres una de los pocos elegidos por la planta, algunos están aquí, otros en distintos lugares, pero todavía hay decenas e incluso cientos que no saben de su peculiaridad, y van por allí fuera, según ellos seguros, sin saber que les buscan para hacer algo más grande (y peligroso) que la última vez. Por eso te hemos reclutado, queremos que luches con nosotros, serías una pieza clave en nuestro ejército, conseguiríamos salvar a los demás, y, sobre todo, derrotar a los que nos buscan. Dime ¿Quieres unirte a nuestro equipo?-

Después de decir eso, Amelia mordió una de las pastas que había traído como si fuera algo que hacía diariamente.

Aitana se quedó pensativa, ¿Contra quién estaría luchando? ¿Quiénes la buscaban? ¿Peculiar? Según lo que había dicho Amelia allí había más personas, ella no era la única. Por un lado quería unirse a ese ejército, pero por otro no sabía si era el bando correcto, ¿Y si era Amelia y las demás personas que había allí los malos? Pero eso no sería posible ¿no? Y si era así igualmente se uniría a ese ejército, con las personas que la habían encontrado, que la habían dicho quién era realmente ella.

-Sí, quiero unirme a este ejército, derrotaremos a los que nos buscan-

Dijo Aitana, y, la verdad, es que ahora se sentía aliviada, como si una parte de ella quisiera haber dicho eso.

-Bien, en ese caso, primero te vestiré acorde a esta época, así llamas mucho la atención.-

 

Capítulo IV

Un hogar, siete niños, catorce reglas

 

 

Amelia y Aitana se dirigieron hacia la habitación subiendo las escaleras de madera de nogal con una alfombra de terciopelo color rojo, el pasamanos era dorado, igual que los barrotes, con detalles floreados de esa época, al pie de las escaleras había un barrote más alto que los demás y con más decorado, en la pared había un retrato grande de Amelia y otros 7 niños vestidos acorde a esa época, todos con cara muy seria y mirando al frente.

 

 

Aitana y Amelia subieron las escaleras, no muy largas, y caminaron hasta una puerta de la habitación situada más al fondo del pasillo, esa puerta era diferente a las demás, tenía la puerta de una madera más oscura y un estampado en la puerta, Amelia pasó primero, después pasó Aitana. La habitación era grande, tenía una cama grande de madera de roble cubierta con unas cortinas de dosel y, al lado, un tocador con un espejo y pequeños cajones, en una esquina había un pequeño vestidor, el cual estaba al lado del armario, que, haciendo conjunto con la cama, era de madera de roble.

 

Amelia abrió las puertas del armario y sacó dos opciones de vestidos: Uno en forma de A de color rosa pastel y un corset del mismo color con una cinta blanca que separaba el corset y la falda, tenía el cuello de tipo cisne y las mangas ajustadas, el otro tenía la misma forma de falda y silueta reloj de arena, pero este era color vainilla, no tenía encaje y las mangas eran cortas y abultadas y tenía un escote redondo.

 

-Estos dos son de tu talla, pruébate el que más te guste.-

 

Dijo Amelia.

 

-Creo que me probaré el segundo- Comento Aitana y, acto seguido fue hacia el probador con el vestido en mano.

 

 

 

 

Después de unos largos dos minutos Aitana salió del probador con el vestido, el pelo despeinado y aspecto cansado.

 

-No te preocupes los primeros días te será difícil ponerte los vestidos, pero es cuestión de práctica- -Ahora te enseñaré tu habitación, sígueme. Y por cierto, todo lo que esté allí es tuyo-

 

 

 

Dicho esto Amelia guió a Aitana hacia su habitación, la de al lado. Que era igual que la otra solo que más pequeña y con un reloj en la pared que marcaba las seis y veinte de la tarde.

 

 

 

-Esta es tu habitación, podrás quedarte aquí hasta las siete y media, que te vendré a recoge a ti y a tus compañeros, no salgas de la fila.-

Aitana asintió mientras Amelia salía de la habitación, ella habría creído que estaba sola si Amelia no hubiera dicho eso. Después de que Amelia le había dicho esa primera regla Aitana decidió no salir de la habitación por si acaso.

En esos minutos Aitana se puso unos pendientes dorados con pequeñas perlas color vainilla y de forma cuadrada, puso su maleta a un lado de la habitación <<Ya la recogeré cuando tenga tiempo libre>> pensó Aitana.

A las siete y media exactas alguien tocó la puerta de la habitación con impaciencia.

-¡Vamos, ya es la hora!-

 

Era Amelia, Aitana salió de la habitación y decidió seguir a Amelia en fila india, como le había indicado, después de unirse a la fila siguieron a la siguiente habitación, en la que Amelia siguió la rutina, tocó la puerta con impaciencia y dijo:

-¡Vamos, ya es la hora!-

Detrás de la puerta había una niña de unos siete años, recta y quieta que llevaba un vestido del mismo estilo que Aitana y un moño extravagante de peinado, y, seria pero con un tono cantarín dijo:

-Buenas tardes señorita Amelia-

Y después de decir eso se unió a la fila india detrás de Aitana.

La rutina siguió, los otros seis niños tenían una media de entre 7 y 13 años, como mucho, pero todos repetían la misma frase, con el mismo tono que el anterior, a ese punto Aitana estaba ligeramente asustada, pues no había visto nunca esa situación: Una fila india formada por otros 7 niños, perfectamente coordinados, en completo silencio y caminando mirando al frente. Bajaron las escaleras, pasaron el vestíbulo y, en la habitación de al lado del salón, el comedor, entraron, todos se situaron delante de una silla, de pie, rectos, serios, Amelia también estaba en frente de una silla, observando a los niños, contándoles mentalmente, como si alguno podría haberse perdido en el camino, estaban todos, los siete.

 

-¿A qué esperáis chicos? Dadle la bienvenida a Aitana- Dijo Amelia, y, un instante después los niños empezaron a hablar a la vez.

-Hola Aitana, bienvenida a nuestro hogar, ahora formas parte de el, así que tienes que saber las normas:

Norma número 1: NO salgas de tu habitación sin permiso, sino lo dejarás

Norma número 2:NO hables sin permiso

Norma número 3:NO salgas sin permiso

Estas son algunas hay más aquí.-

Después de decir esa frase, un niño vestido con traje entregó a Aitana un papel con catorce reglas, que Aitana se guardó en un bolsillo para leerlo después.

La cena transcurrió en silencio, después de cenar todos se colocaron al revés del orden en el que habían venido antes, en fila india. Como antes, todo fue en silencio, cada niño a su habitación diciendo uno por uno:

 

-Buenas noches señorita Amelia-

Cuando llegó el turno de Aitana dijo lo mismo, y Amelia la miro sonriente:

-Mañana por la mañana te recogeré más pronto que los demás, a las siete y media te quiero vestida, te hablaré de tu papel aquí-

Dicho esto Amelia se fue dejando a solas a Amelia, que decidió leer el papel que le dio el niño en la cena:

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NORMAS DE NUESTRO HOGAR

Norma número 1: NO salgas de tu habitación sin permiso

Norma número 2:NO hables sin permiso

Norma número 3:NO salgas sin permiso

Norma número 4:Haz caso a la señorita Amelia Espinosa

Norma número 5:Siempre sigue tu papel

Norma número 6:No tienes nombre, tienes número

Norma número 7:Duerme antes de las nueve y media SIEMPRE

Norma número 8:Nunca te levantes por las noches NUNCA

Norma número 9:No reacciones a los ruidos por las noches JAMÁS

Norma número 10:En el exterior, compórtate normal

Norma número 11:No salgas solo a ningún sitio

Norma número 12: NO comas arándanos NUNCA

Norma número 13: Por las mañanas solo puedes decir: ''Buenos días señorita Amelia''

Norma número 14: JAMÁS vistas de amarillo

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Aitana no entendía esas reglas, <<¿Por qué no se podían comer los arándanos? ¿Y qué pasa con el color amarillo?>> pensaba.

 

Al mirar el reloj se dio cuenta de qué hora era, las nueve y veinte, se tenía que ir a dormir en menos de 10 minutos, rápidamente se quitó el vestido, lo colgó en el armario, y, tras una breve búsqueda encontró el pijama (que en realidad era un camisón), se lo puso y, sin pensarlo se metió en la cama, deseaba que se hubiera metido a la hora, y si, lo hizo, aunque no podía dormir.

 

 

Capítulo V

La noche

Aitana daba muchas vueltas en la cama, esa casa la había parecido muy rara. Pensó en esas normas, en las número 8 y 9, que hablaban de la noche ¿Por qué tanto misterio? Recordó también lo que le había dicho Amelia:

-Mañana por la mañana te recogeré más pronto que los demás, a las siete y media te quiero vestida, te hablaré de tu papel aquí-

Ella se preguntaba de qué papel estaría hablando, en la norma número 5 se hablaba de ''tu papel''.

A la media hora se empezaron a escuchar sonidos raros, pasos lentos y fuertes, algo o alguien que llamaba a la puerta. Cada vez esos pasos se hacían más fuerte, se estaba acercando. Llegó a la puerta de Aitana, tocó la puerta, entró y empezó a llorar muy fuerte. Aitana estaba tan asustada que se puso pálida y era incapaz de moverse.

Esos estaba a los pies de la cama de Aitana, tenía una forma humanoide, que medía, por lo menos tres metros, era extremadamente delgado y pálido, no tenía cara, tenía el pelo frágil y de color negro intenso, sus manos eran muy frágiles y tenía las uñas puntiagudas de color negro, y estaba ligeramente encorvado hacia delante. Empezó a chillar, cogió una almohada y con sus afiladas uñas la desmenuzó y la tiró por la ventana. Aitana quería gritar, irse corriendo, pero recordó esa regla de ''No reacciones a los ruidos de la noche'' y aunque lo que estaba ocurriendo eran más que solo ruidos, ella decidió quedarse allí y esperar a que eso parara,  ya que tal vez si gritaba o reaccionaba, de alguna forma se pondría peor. Pasaron unos minutos que para nuestra protagonista fueron como horas. Finalmente la criatura se fue cerrando la puerta de un portazo. Aitana no podía parar de pensar en lo que había pasado cuando se escucho otro portazo en la habitación de al lado, en la de la Señorita Amelia, la criatura empezó a chillar como había hecho en la habitación de Aitana, pero esta vez se escuchó a la señorita Amelia cantar una melodía:

-Sombra de la noche

Tú que vienes desde el bosque...-

A partir de ahí la melodía se hizo cada vez más y más bajita hasta que no se escuchó nada. Aitana estaba sorprendida. Esa melodía hizo que se durmiera y que soñara, soñó con sombras, con callejones que llevaban a otros más estrechos, con su casa, las clases...

 

 

CONTINUARÁ

 

Si desea imprimir por favor contacte por correo electrónico a:  dianacarrilloalborzamorano@gmail.com 


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