El sótano capítulo IV

Publicado el 12 de abril de 2026, 15:20

 

Capítulo IV

Un hogar, siete niños, catorce reglas

 

 

Amelia y Aitana se dirigieron hacia la habitación subiendo las escaleras de madera de nogal con una alfombra de terciopelo color rojo, el pasamanos era dorado, igual que los barrotes, con detalles floreados de esa época, al pie de las escaleras había un barrote más alto que los demás y con más decorado, en la pared había un retrato grande de Amelia y otros 7 niños vestidos acorde a esa época, todos con cara muy seria y mirando al frente.

 

 

Aitana y Amelia subieron las escaleras, no muy largas, y caminaron hasta una puerta de la habitación situada más al fondo del pasillo, esa puerta era diferente a las demás, tenía la puerta de una madera más oscura y un estampado en la puerta, Amelia pasó primero, después pasó Aitana. La habitación era grande, tenía una cama grande de madera de roble cubierta con unas cortinas de dosel y, al lado, un tocador con un espejo y pequeños cajones, en una esquina había un pequeño vestidor, el cual estaba al lado del armario, que, haciendo conjunto con la cama, era de madera de roble.

 

Amelia abrió las puertas del armario y sacó dos opciones de vestidos: Uno en forma de A de color rosa pastel y un corset del mismo color con una cinta blanca que separaba el corset y la falda, tenía el cuello de tipo cisne y las mangas ajustadas, el otro tenía la misma forma de falda y silueta reloj de arena, pero este era color vainilla, no tenía encaje y las mangas eran cortas y abultadas y tenía un escote redondo.

 

-Estos dos son de tu talla, pruébate el que más te guste.-

 

Dijo Amelia.

 

-Creo que me probaré el segundo- Comento Aitana y, acto seguido fue hacia el probador con el vestido en mano.

 

 

 

 

Después de unos largos dos minutos Aitana salió del probador con el vestido, el pelo despeinado y aspecto cansado.

 

-No te preocupes los primeros días te será difícil ponerte los vestidos, pero es cuestión de práctica- -Ahora te enseñaré tu habitación, sígueme. Y por cierto, todo lo que esté allí es tuyo-

 

 

 

Dicho esto Amelia guió a Aitana hacia su habitación, la de al lado. Que era igual que la otra solo que más pequeña y con un reloj en la pared que marcaba las seis y veinte de la tarde.

 

 

 

-Esta es tu habitación, podrás quedarte aquí hasta las siete y media, que te vendré a recoge a ti y a tus compañeros, no salgas de la fila.-

Aitana asintió mientras Amelia salía de la habitación, ella habría creído que estaba sola si Amelia no hubiera dicho eso. Después de que Amelia le había dicho esa primera regla Aitana decidió no salir de la habitación por si acaso.

En esos minutos Aitana se puso unos pendientes dorados con pequeñas perlas color vainilla y de forma cuadrada, puso su maleta a un lado de la habitación <<Ya la recogeré cuando tenga tiempo libre>> pensó Aitana.

A las siete y media exactas alguien tocó la puerta de la habitación con impaciencia.

-¡Vamos, ya es la hora!-

 

Era Amelia, Aitana salió de la habitación y decidió seguir a Amelia en fila india, como le había indicado, después de unirse a la fila siguieron a la siguiente habitación, en la que Amelia siguió la rutina, tocó la puerta con impaciencia y dijo:

-¡Vamos, ya es la hora!-

Detrás de la puerta había una niña de unos siete años, recta y quieta que llevaba un vestido del mismo estilo que Aitana y un moño extravagante de peinado, y, seria pero con un tono cantarín dijo:

-Buenas tardes señorita Amelia-

Y después de decir eso se unió a la fila india detrás de Aitana.

La rutina siguió, los otros seis niños tenían una media de entre 7 y 13 años, como mucho, pero todos repetían la misma frase, con el mismo tono que el anterior, a ese punto Aitana estaba ligeramente asustada, pues no había visto nunca esa situación: Una fila india formada por otros 7 niños, perfectamente coordinados, en completo silencio y caminando mirando al frente. Bajaron las escaleras, pasaron el vestíbulo y, en la habitación de al lado del salón, el comedor, entraron, todos se situaron delante de una silla, de pie, rectos, serios, Amelia también estaba en frente de una silla, observando a los niños, contándoles mentalmente, como si alguno podría haberse perdido en el camino, estaban todos, los siete.

 

-¿A qué esperáis chicos? Dadle la bienvenida a Aitana- Dijo Amelia, y, un instante después los niños empezaron a hablar a la vez.

-Hola Aitana, bienvenida a nuestro hogar, ahora formas parte de el, así que tienes que saber las normas:

Norma número 1: NO salgas de tu habitación sin permiso, sino lo dejarás

Norma número 2:NO hables sin permiso

Norma número 3:NO salgas sin permiso

Estas son algunas hay más aquí.-

Después de decir esa frase, un niño vestido con traje entregó a Aitana un papel con catorce reglas, que Aitana se guardó en un bolsillo para leerlo después.

La cena transcurrió en silencio, después de cenar todos se colocaron al revés del orden en el que habían venido antes, en fila india. Como antes, todo fue en silencio, cada niño a su habitación diciendo uno por uno:

 

-Buenas noches señorita Amelia-

Cuando llegó el turno de Aitana dijo lo mismo, y Amelia la miro sonriente:

-Mañana por la mañana te recogeré más pronto que los demás, a las siete y media te quiero vestida, te hablaré de tu papel aquí-

Dicho esto Amelia se fue dejando a solas a Amelia, que decidió leer el papel que le dio el niño en la cena:

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NORMAS DE NUESTRO HOGAR

Norma número 1: NO salgas de tu habitación sin permiso

Norma número 2:NO hables sin permiso

Norma número 3:NO salgas sin permiso

Norma número 4:Haz caso a la señorita Amelia Espinosa

Norma número 5:Siempre sigue tu papel

Norma número 6:No tienes nombre, tienes número

Norma número 7:Duerme antes de las nueve y media SIEMPRE

Norma número 8:Nunca te levantes por las noches NUNCA

Norma número 9:No reacciones a los ruidos por las noches JAMÁS

Norma número 10:En el exterior, compórtate normal

Norma número 11:No salgas solo a ningún sitio

Norma número 12: NO comas arándanos NUNCA

Norma número 13: Por las mañanas solo puedes decir: ''Buenos días señorita Amelia''

Norma número 14: JAMÁS vistas de amarillo

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Aitana no entendía esas reglas, <<¿Por qué no se podían comer los arándanos? ¿Y qué pasa con el color amarillo?>> pensaba.

 

Al mirar el reloj se dio cuenta de qué hora era, las nueve y veinte, se tenía que ir a dormir en menos de 10 minutos, rápidamente se quitó el vestido, lo colgó en el armario, y, tras una breve búsqueda encontró el pijama (que en realidad era un camisón), se lo puso y, sin pensarlo se metió en la cama, deseaba que se hubiera metido a la hora, y si, lo hizo, aunque no podía dormir.

 

PRÓXIMO CAPÍTULO PRONTO.

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